De pescador al Salón de la Fama

Nicaragua Al Día 

Por Oscar Mejía Velásquez

En el año 1969 en Puerto Caimito, panamá, nació un muchacho delgado, espigado, llamado Mariano Rivera, su sueño era comprar una lancha para poder pescar y ayudar a su familia que era de estrato humilde, al pasar los años inició a navegar en el mar pero cuando atravesaba los terrenos en tierra firme donde jugaban pelota comenzaba a interesarse.

Su familia fue una pieza importante en el éxito de Rivera, fueron quienes aconsejaron que dejara de andar en las entrañas del mar para dedicarse al beisbol, y asís sucedió, se empeño a ser un buen jugador hasta que un compatriota que trabajaba como scout, Chico Heron, lo firmara para la Organización de los Yanquis de Nueva York.

El pensamiento del tira fuego canalero era trabajar fuerte pero todo lo dejaba en las manos de Dios, dueño de su vida y de su destino, que no iba a forzar nada para triunfar en el equipo, además expresaba en esos días se sentía completo, tenía fe en el todopoderoso, una novia que amaba y unos padres maravillosos. Nunca soñó en grande, estaba consciente que su talento iba fluir y quizás tenía suerte.

Mariano firmó con los Bombarderos del Bronx en 1990, su rúbrica fue por una cantidad ridícula de 3 mil dólares a los 21 años, nadie se imaginaba que con este bono burlesco llegara a sumar a lo largo de 19 temporadas 169 millones 441 mil 825 dólares, que ha podido con estos millones ayudar a los más necesitados durante décadas en su país natal y en hospitales de la cuidad que nunca duerme. Tuvo que contribuir con la ciudad de los rascacielos porque mucho dinero le proporciono, era una necesidad de sentirse bien con los neoyorquinos. En su primer año en las Grandes Ligas, 1995 recibió 109 mil dólares en salario; en 1996 se ganó 131 mil 125; en 1997 devengó 550 mil y en 1996 tuvo un sueldo anual de $4,250,000. Sus mejores salarios fueron en las campañas de 2008, 2009, 2010 y 2012, con 15 millones de dólares en cada uno de esos años. En 2013, su temporada de retiro, ganó $10 millones.

Debutó en 1995 pero no fue lo esperado, no deslumbró, tuvo que ser enviado nuevamente a la Triple A y lo acompañó el campo corto Derek Jeter. El pitcher panameño espero meses hasta que fue llamado nuevamente pero era como abridor, no teniendo un camino triunfalista, los Mulos de Manhattan decidieron trabajar con él en nuevo rol como preparador para el rematador.

No tuvo que esperar mucho tiempo para dominar esa función, debía estar preparado para trabajar en el octavo episodio, conquistó la confianza de sus entrenadores, hasta que lo llevó a ser el cerrador de juego de los Yanquis, su balance fue de 82-60 en ganados y perdidos, pero su fortaleza fueron los juegos salvados con 652, siendo el máximo en la historia en las Grandes Ligas, tuvo una efectividad fue de 2.21 en 1283.2 inning de labor, solamente permitió 315 carreras limpias. Más impresionante aún fueron sus estadísticas en playoffs: 8-1, 0.70, 110 ponches y dos jonrones en 141.2 episodios incluyendo 11 rescates y efectividad de 0.99 en 24 apariciones de Serie Mundial.

Estas cifras fueron estupendas, admirables, que ascendieron para marcar un hito histórico, ser exaltado al Salón de la Fama de las Grandes Ligas de manera unánime, ni Babe Ruth considerado el mejor jugador de la historia, Joe DiMaggio, Ted Williams, por mencionar algunos nombres fueron elegidos con un 100%.

Con Rivera también entrara otro latino Edgar Martínez que aumenta a 11 la cifra de jugadores latinos de las ligas mayores que alcanzan el Salón de la Fama. El exclusivo club está integrado por los puertorriqueños Roberto Clemente (1973), Orlando Cepeda (1999, vía Comité de Veteranos), Roberto Alomar (2011), Iván Rodríguez (2016) y Martínez (2019); los dominicanos Juan Marichal (1983), Pedro Martínez (2015) y Vladimir Guerrero (2017; el venezolano Luis Aparicio (1984), el panameño Rod Carew (1991) y el cubano Tany Pérez (2000).

Esta bonita realidad durará años para que puedan emular los logros alcanzados por Mariano Rivera, su cuerpo flaco pero con potencia en su brazo derecho detenía el radar en las 95 millas trabajando con un solo lanzamiento, quizás en otra vida.

 

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