Alternativas de menor riesgo, una forma de disminuir el impacto del tabaquismo

Nicaragua Al Día

Tras décadas de lento avance en la lucha contra el cigarrillo, los expertos destacan los productos de riesgo reducido como alternativa para disminuir la prevalencia de fumadores.

Con evidencias cada vez más contundentes sobre las consecuencias nocivas del humo del cigarrillo sobre la salud, las últimas tecnologías disponibles y consumidores con nuevas demandas, la apuesta a productos alternativos para los fumadores adultos se consolida cada vez más como el “verdadero norte” de la industria del tabaco y la nicotina.[1]

Así quedó demostrado durante dos eventos recientes de alcance internacional celebrados en Londres, el Foro Global del Tabaco y la Nicotina (GTNF, por su sigla en inglés) y la E-Cigarette Summit 2018.  Allí, científicos, expertos en salud pública, médicos, responsables políticos, activistas y representantes de las principales tabacaleras del mundo discutieron las perspectivas de los nuevos productos alternativos para los fumadores y su potencial impacto en la salud pública global.

El punto de partida de las conversaciones es claro: a pesar de las décadas de esfuerzos con políticas de control de tabaco y la educación sobre los daños del hábito de fumar, “la disminución en las tasas de consumo de tabaco ha sido frustrantemente lenta”[2]. En efecto,  hay mil millones de fumadores alrededor del mundo y 7 millones de muertes al año vinculadas al tabaquismo, según la Organización Mundial de la Salud[3]. A eso se suman las previsiones a futuro. Se estima que en 2025 habrá el mismo número de fumadores que en la actualidad[4].

Frente a este panorama, una de las discusiones centrales durante ambos Foros fue la importancia de que los gobiernos y agencias reguladoras consideren a los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos y productos sin combustión que desarrolla la industria como una alternativa menos dañina para aquellos que son actualmente fumadores.

Los expertos y la industria hacen hincapié en la evidencia científica para sostener su posición. Por un lado, citan las numerosas investigaciones de estos últimos años que comprueban que no es la nicotina, sino el humo y las sustancias nocivas generadas por la combustión, la principal causa de las enfermedades asociadas al tabaco. “El verdadero problema es la combustión”, dejan en claro.[5]

Además, destacan múltiples estudios[6], como los de la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM, por sus siglas en inglés)[7], con sede en Washington, DC y el Royal College of Physicians[8], con sede en Londres, que postulan que los cigarrillos electrónicos y los nuevos productos que calientan el tabaco pero no lo queman representan un menor riesgo potencial para los fumadores, ya que, al eliminar la combustión, se reduce exponencialmente la exposición a las sustancias nocivas del humo.

La evidencia fue reforzada, durante los dos encuentros, con casos concretos, como las experiencias en el Reino Unido[9], Suecia, Noruega, Nueva Zelanda[10] y Canadá[11], donde la política del control del tabaco se ha complementado con el principio de la reducción de daños, dando por resultado una caída del número de fumadores.

El caso de Suecia y Noruega con el snus, un producto de tabaco sin humo que se vende en una especie de bolsitas de té desde 1986, es emblemático. “Los snus han producido una ganancia neta para la salud pública. Los beneficios derivados del abandono del hábito de fumar, la reducción del hábito de fumar y el reemplazo de cigarrillos tradicionales por snus han superado con creces la pérdida de salud marginal en la fracción de los no fumadores que consumen snus”, detalló Lund.[12]

Según Karl E. Lund, investigador senior del Instituto de Salud Pública de Noruega, los productos de riesgo reducido pueden tener un mayor potencial en la salud pública que “las regulaciones por las que se hemos luchado toda la vida” para hacer que fumar se vuelva obsoleto[13].

“Lo mejor es no fumar”, pero hay muchas personas “que no han podido o querido dejarlo” y sería preferible que se “cambien alternativas de menor riesgo sin combustión”, concluyó Riccardo Polosa[14], director del Instituto de Medicina Interna e Inmunología Clínica de la Universidad de Catania, Italia, durante el GTNF.

En resumen, ante los avances de la ciencia y la innovación, el enfoque de la reducción de daños y la experiencia en numerosos países, el consenso unánime es que la discusión no pasa por riesgo sí-riesgo no, sino por ofrecer una alternativa que disminuya el daño potencial a los fumadores, ayudando a reducir el impacto sobre la salud pública.

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